“Yo decido. El tren de la libertad”

Yo decido. El tren de la libertad

28 de septiembre. Festival “Femmes en resistance” (Festival feministe de documentaires) en Arcueil

El pase de “Yo decido. El tren de la libertad” en el festival “Femmes en resistance” fue precedido el pasado jueves por las declaraciones del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, en las que comparó las movilizaciones que recoge el documental con el holocausto nazi: El mal llamado ‘tren de la libertad’ en el que algunas mujeres reclamaban ‘el derecho a decidir matar inocentes’; este tren, como los trenes de Auschwitz que conducían a un campo de muerte, debería llamarse, no el ‘tren de la libertad’ sino, el ‘tren de la muerte’, del ‘holocausto’ más infame: la muerte directa y deliberada de niños inocentes no-nacidos.

Podemos pensar que este exabrupto* no se debe más que al despecho de la Iglesia ahora que en España las movilizaciones han obligado al gobierno a retirar la ley del aborto; también podríamos pensar, siguiendo el hilo de otras declaraciones, que la Conferencia Episcopal Española es de extrema derecha y que las barbaridades que puedan decir sus representantes no tienen por qué ser tanto irracionales salidas de tono como simples repeticiones de de su ideario. En todo caso, con semejante presentación a manera de prólogo, resistimos unos días la tentación de buscar el documental por internet para verlo en pantalla grande en el festival Femmes en resistance.

“Yo decido. El tren de la libertad” es un documental colectivo, filmado por más de 80 personas, centrado en las protestas contra el proyecto de ley del aborto emprendido por el actual gobierno de España. Esta reforma tenía por objetivo endurecer las condiciones para abortar hasta prácticamente reducirlas a dos, violación o peligro para la vida de la embarazada. Además de esto, con la nueva ley el proceso requerido para regularizar el aborto se alargaba considerablemente por todo tipo de burocracias, que en la práctica lo restringía hasta hacerlo casi imposible. Fue el recién dimitido ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, quién la sostuvo como caballo de batalla durante todo estos meses, enfrentándose con detractores incluso al interior del propio Partido Popular, preocupado por la perspectiva de perder apoyos en un país cada vez menos creyente. Salvo la Iglesia Católica –aliada en su mayor parte con la extrema derecha española- no ha existido ninguna otra fuerza social que haya roto una lanza por la ley del ministro Gallardón. Al contrario, en la calle la movilización ha reflejado con fuerza la tendencia en las estadísticas (sólo una de cada cuatro personas está de acuerdo en restringir las condiciones para abortar).

El primero de febrero decenas de miles de personas salieron a manifestarse en Madrid para protestar contra esta ley. Desde diferentes puntos del país vinieron grupos de manifestantes; en muchas otras ciudades de España y el extranjero también se organizaron protestas. Los diferentes ángulos de ese uno de febrero fueron retratados por decenas de cámaras voluntarias, recogiendo gritos, bailes, cantos, conversaciones, etc., cuya mezcla haría luego este emocionante documental, que funciona a la manera de un collage de múltiples miradas.

La película comienza con colectivos militantes preparando el viaje a Madrid. Hay una cierta puesta en contexto de los inicios de la movilización, con entrevistas a integrantes de la tertulia feminista Les Comadres, en Gijón, impulsoras en su origen de la iniciativa el Tren de la libertad. Pocos minutos después el ritmo narrativo se dispara, todo el mundo tomó ya el tren, todo el mundo llegó a Madrid y, más allá de alguna referencia a manifestaciones en otras ciudades, la película se centra exclusivamente en la masiva manifestación de Madrid. A partir de entonces, todo el documental será una sucesión apabullante de gente eufórica, cantando, coreando; de gente entristecida o cabreada, recordando las luchas pro-abortistas de principios de los ochenta, apenas pudiendo creer verse en las mismas que hace 30 años. En fin, mucha gente, gente de todo tipo, pero sobre todo gente común y corriente, eso es, a mi juicio, lo importante del documental, lo que tanto recuerda al 15M: ya no encontramos solamente militantes y activistas, sino también gente normal.

Hago notar que esta apelación a la “normalidad” de la gente no está hecha a la ligera. “Gente normal” es una categoría algo difusa que los entornos izquierdistas han utilizado para identificar a aquellos que no participan activamente en sus luchas, aquellos entre los cuales puedo incluir a mi abuela o mi vecino, a este y a este otro, a esa suma de gente que, si sacamos las cuentas, hace la gran parte de la población. Esa “gente normal” son los que, a ojos del militante, acuden a las manifestaciones u otras movilizaciones sociales como profanos, como entrando “en su territorio”, un lugar al que son bienvenidos, pero que no les corresponde por naturaleza, acaso por carecer de una conciencia de los problemas sociales y políticos lo suficientemente desarrollada. Es posible que la lucha feminista haya sido también víctima de este mal, y sin embargo, del mismo modo que el 15M actuó eficazmente como antídoto contra la “endogamia activista”, es probable que al feminismo también le haya sucedido algo similar y que tras 2011 la lucha contra el patriarcalismo se haya alargado lo suficiente como para llegar a tocar, aunque sea ligeramente, el sentido común de la “gente normal”**.

Es posible que muchas personas que aparecen en el documental no hayan sido nunca feministas militantes, y sin embargo han salido a protestar contra una ley que quiere reducir la mujer a un sujeto irresponsable, a mera propiedad del Estado. Saliendo a la calle, estas personas hacen ver que militar en la lucha feminista no tiene necesariamente que ver con pertenecer a un club, sino con luchar por que el mundo cambie en un sentido con el que probablemente siempre antes habían estado de acuerdo.

Este es el gran triunfo del tren de la libertad, y también del 15M: hacer que una lucha social arraigue en el sentido común de la gente, no a través de una vanguardia concienciando las masas, sino desde el descubrimiento de nuestro propio poder para producir cambios, la potencia que todos guardamos dentro y que, por primera vez en mucho tiempo, vemos como motor real de cambio social.

Conversando después sobre la película, algunos amigos, sin embargo, reprochaban al film que se concentrase casi exclusivamente en el emocionante episodio de las protestas, marginando el debate, la reflexión o simplemente más espacio para detallar los pormenores de la ley. Es cierto que el montaje ha dado prioridad a la emotividad por encima de otras cosas que hubieran ayudado a los espectadores a formarse un juicio crítico, y en esto también se repiten errores que hemos visto en varios documentales sobre las acampadas del 15M. Quizás hubiera sido interesante, sobre todo para la gente de fuera de España, ahondar más en las relaciones de la iglesia con el Estado Español, reflejar el otro lado de la cuestión, entrevistar o discutir con antiabortistas, algo así. Pero está claro que el documental parte de una posición ya tomada, y que su objetivo no es enseñar este proceso desde todos sus ángulos como de lanzar una inyección de moral a las movilizaciones en un momento en que la resistencia contra esta ley no estaba en absoluto garantizada. En este sentido, creo que “El tren de la libertad” es una especie de arenga a este frente de la lucha, y hay que verlo así, desde un contexto, además, que afortunadamente cambió siquiera hace una semana. Una vez más la batalla no fue en vano. Ahora el Gobierno se ha visto obligado a parar el proyecto de ley, el ministro Gallardón a dimitir y el obispo de Alcalá de Henares a enrojecer de rabia. Como epílogo, este es, desde luego, difícil de mejorar.

Autor: Pablo Lapuente

http://www.eltrendelalibertad.com/

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