Todo el poder a los círculos

Asamblea 15M

Autor: Pablo Lapuente Tiana (@lapuentetiana)

Hace un par de días fui a mi primera reunión del círculo PODEMOS de París. No tenía mucho tiempo y debí marcharme antes de que terminara, pero en ese rato tuve ocasión de escuchar dudas sobre una cuestión que, si bien central en la organización del partido, no es por ello menos turbia: ¿cuál es el sentido y la función de una asamblea (o “círculo” en este caso)?

Como digo, la cuestión de los círculos es central, porque, más allá del eventual programa del partido, ellos son, en cuanto que órganos de deliberación y decisión, aquellos que pueden crear un poder popular, un poder de base y no de burócratas. Es fundamental para una organización así tener una reflexión al interior de cada círculo sobre su naturaleza.

Muy seguramente, no tengo ideas más claras que los demás sobre este asunto, y no me veo en condiciones privilegiadas para explicarlo, pero quizás podría intentar clarificar la cuestión de los círculos refiriéndome a mi experiencia en uno de sus antecedentes inmediatos: las asambleas del 15M en Madrid.

El asamblearismo o consejismo es viejo. Ha sido una forma de organización política adoptada por comunistas o anarquistas desde el siglo XIX, y se pueden seguir sus momentos de esplendor en la comuna de París, en la revolución rusa de 1905, en la revolución anarquista española o en la revolución espartaquista. Como organización política ha sido utilizado ya sea en ausencia de un partido dirigente o ya sea en abierta oposición a la organización de partido de vanguardia; en la historia encontramos que a veces fue adoptado como fundamento de una nueva política, y otras veces como simple producto de las circunstancias. En todo caso, una organización asamblearia se opone por su naturaleza al dirigismo, porque su movimiento es de abajo a arriba, desde la autonomía de la base.

Cuando estalló el 15M en Madrid, el sistema de deliberación y toma de decisiones que se adoptó fue el de las asambleas, probablemente porque había mucha gente que venía de diferentes luchas sociales, de movimientos autónomos, etc., en donde éste era el modo común de organizarse. Por aquel entonces yo ya había participado en asambleas, regularmente en mi facultad, y sobre todo durante las huelgas del 2009 contra el plan Bolonia. Ahí llegamos a hacer asambleas de dos mil personas, lo cual era un delirio comparado con las que yo había visto hasta entonces, con un máximo de cien o doscientas personas.

Pero, por muchas razones, lo que sucedió en Sol fue totalmente diferente. A diferencia de una asamblea organizada en torno a una lucha concreta, en el 15M nadie partía de algo más que de un hastío generalizado en torno a la situación en España, y no había, por tanto, un marco de acciones claro. De repente había muchísima gente reunida en torno a una asamblea y no se sabía muy bien qué hacer. No digo que eso fuese un problema, más bien al contrario, pero las asambleas, que al principio estaban sobre todo destinadas a mantener el campamento, comenzaron a ser más largas y difíciles a medida que se politizaban.

A mi juicio, las dificultades eran estas:
Por un lado el campamento estaba dando un paso importante, el de transformar una contestación social en contestación política. No era solamente que se estuviese protestando contra las políticas de austeridad, contra la privatización de los servicios públicos o la corrupción, sino que también se estaba creando en las asambleas un contrapoder, una forma de organización política alternativa al modelo parlamentario. Por esto los anarquistas, por ejemplo, estaban encantados, viendo la posibilidad de crear una democracia directa como la que siempre habían defendido.

Pero sin embargo, ese contrapoder no acababa de cuajar, en parte porque la gestión del campamento chupaba muchas energías, pero también porque no acabábamos de ver totalmente las capacidades de la asamblea para “conquistar” la hegemonía sin tomar antes los poderes del Estado.

Como decía, toda la gente en Sol éramos, por exceso o por defecto, inexpertos en ese asamblearismo que estaba teniendo lugar. Los que teníamos experiencia en el asamblearismo estábamos demasiado acostumbrados a organizarnos en luchas concretas que exigían soluciones concretas (huelgas, autogestión de una casa ocupada, etc.) con gente situada en nuestro mismo espectro ideológico. Por otro lado, al 15M se sumó una cantidad enorme de gente que no había participado jamás en una asamblea. Todo esto produjo antes que nada un gran atasco comunicativo, y las reuniones generales tardaban horas y horas. Todos teníamos de repente que aprender lo que era pensar y organizarse colectivamente: ceñirnos a los puntos de la asamblea, tratar de concentrar nuestro mensaje, aceptar a ceder en consensos, etc. Por otro lado, la gente que venía muy ideologizada tenía que aprender a renunciar a las exigencias de sus monolíticos programas para poder comenzar a hacer política con los demás.

A su vez, en las asambleas reproducíamos constantemente los vicios de la política parlamentaria, como cuando alguien afirmaba que la asamblea representaba la clase obrera, o tal porcentaje de la población. Nos costaba entender que, para bien o para mal, la asamblea se representaba a ella misma y nada más. La organización de una asamblea es rigurosamente concreta: su fuerza parte del número de gente que la compone, no como un parlamento, que al parecer está investido de legitimidad tanto si ha sido votado por el 30% de la población como por el 100%. En el mismo sentido, con estos medios no podíamos tampoco elaborar un programa básico como si se tratara de un partido político: Por ejemplo, supongamos que la asamblea de Sol hubiese decidido consensuar un mínimo de cinco reivindicaciones para su lucha: ¿qué impediría que esos puntos pudiesen ser modificados al día siguiente con la celebración de otra asamblea? En Sol nadie, por mucho que quisiera, podía crear una constitución que fuese más allá de la asamblea en su devenir.

A todos nos costaba mucho entender estas cosas, y repetíamos sin cesar los tics de la única política que conocíamos.

El problema al que hago mención más arriba envolvía todo: ¿cómo conquistar el poder? La frustración del 15M es que la conquista de la hegemonía política no acababa de cuajar, que arriba seguían mandando los mismos pese a existir en la calle una gran contestación popular. No podía ser más evidente la falta total de correspondencia entre el poder social de la calle y las instituciones del Estado. Recuerdo que había mucha gente frustrada por este problema. El 15M es una lucha social que quiere volverse política, pero no sabe muy bien cómo dar ese paso definitivamente: ¿Cómo poder mantener la organización asamblearia y al mismo tiempo “conquistar” el poder? ¿Cómo hacer un verdadero puente entre la “base” y la “cúpula”? Parece que ahora aquí tenemos una posibilidad de intentar una cosa así.

Creo que PODEMOS se construye en una estimulante contradicción, la de querer empoderar los círculos y al mismo tiempo reproducir –probablemente porque en un partido político no hay otra- los vicios de la política parlamentaria. El primer punto de esta tensión es lo que hace que sea una de las iniciativas más interesantes en el panorama político. Se nos brinda la posibilidad de tomar el poder por nosotros mismos: no tanto por la expansión del poder central del partido a nosotros, sino por lo contrario, porque nosotros podamos asumir en el partido una responsabilidad central, o acaso descentralizadora. De nosotros depende la asunción de esa responsabilidad, que deberá confluir con tantas otras en una red de círculos, de asambleas, de soviets.

Efectivamente, las asambleas pueden continuar, pero volviéndose más operativas dentro de una coordinación general. Esa coordinación general es nuestro caballo de Troya, que quizás tenga que pasar por las estratagemas de la política parlamentaria (seducción electoral, líderes carismáticos, expertos, etc.), pero que  también, quizás, nos ofrezca la posibilidad de ir desarticulando esos vicios de la “vieja política” en virtud de otra cosa, de eso que podemos llamar “poder popular”.

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Publicado en Artículo, Círculos Podemos

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